Mi hijo menor tiene casi 2 años. Está en esa edad tortuosa en que hay que seguirlo a todos lados porque no mide riesgos, porque quiere explorarlo todo, porque es curioso, porque inventa usos insospechado para las cosas, etc.
Entonces no queda otra que seguirlo.
Por momentos es enternecedor, emocionante y uno se siente privilegiada de estar viendo como descubre, como crea o como se sorprende.
Pero por otros es aburrido. Muy aburrido. Uno quisiera estar en la conversación de sobremesa que esta ocurriendo en ese momento, pero no puede. Uno quisiera estar descansando, leyendo un libro, haciendo una llamada por teléfono o teniendo una conversación,.. pero no puede. Tengo que seguir a mi hijo por todas partes.
En esos momentos de tedio hay dos caminos. O uno se enoja y trata de pelear todo el rato por volver hacia donde uno quería estar, o uno se entrega y asume que es ahí donde tienes que estar. En esta última situación no queda más que abandonarse, olvidarme de mis propios deseos y asumir que yo elegí estar ahí para mi hijo, para ser su soporte y servir para su crecimiento.
No es fácil.
Nada fácil
Pero es como cuando uno trata de meditar. Siempre hay un primer momento en que uno pelea con la mente que te dice "que estas haciendo, esto no va a funcionar". Hasta que te abandonas y comienzas a meditar. Te dejas llevar y comienzas a ser un espectador de lo que esta por suceder.
Hoy me dedique a seguir a mi hijo y pude ver como se hizo amigo de un perro, trato de jugar con los legos con él, se asombró con los autos, descubrió un puente, encontró un sector del jardín que no conocía, por nombrar algo....
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