Ella siente un amor increíble por cocinar. Increíble pues no lo comparto. Pero por suerte tiene a su padre, que dulcemente siempre la acompaña en estos desafíos.
Resultó un almuerzo delicioso y emocionante. Todos probamos por primera vez un plato y estábamos muy contentos y orgullosos de ella.
Mariana brillaba, con ese color que te da la alegría de poder compartir algo con quienes quieres y, al mismo tiempo, sentirte acogida, querida y admirada.
Acaso no nos pasa a todos que nos sentimos especiales cuando algo asi nos sucede?
Cuantas veces nos sentimos así?
Demasiado pocas.
Espero poder estar atenta para ofrecerle la oportunidad a cada uno de mis hijos de sentirse así. Parece ser una experiencia poderosa de felicidad que nos confirma que lo que uno emprende con cariño y dedicación, puede lograrse y al mismo tiempo puede hacer felices a los demás y a uno mismo.
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