Hay pocas cosas tan emocionantes como aprender a andar en bicicleta sin rueditas.
Clara, mi tercera hija de 7 años lo logró esta semana. Si ya se, está un poco grande para eso, pero en esta ciudad no es fácil salir a andar en bicicleta, por lo que no practican mucho y todo se atrasa.
Por una razón que no entiendo, pareciera que esta tarea de correr al lado de los niños ayudándolos a equilibrarse, lo hacen mejor los padres. Así fue como esperamos a que llegara el papá, y que no hiciera tanto calor y salimos los seis, mas el perro, acompañando a Clara en su aventura.
Ella es una niña tremendamente entusiasta y valiente así que nunca se rindió hasta sentir que podía andar sola. Cuando esto sucedió, ella se detuvo y estalló en llanto. Corriendo nos acercamos a ver qué le pasaba. Dijo que lloraba de felicidad, que este era un momento que ella soñaba que llegara.
Fuimos espectadores de un momento que probablemente nunca se le va a olvidar y además aprendimos que nunca sabremos exactamente cómo son vividos los momentos por los demás, sino estamos atentos y podemos escuchar.
Bravo por Clara que aprendió a andar en bicicleta y que es capaz de verbalizar lo que le pasa, de manera de poder acompañarla en todo lo que emprenda!
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